martes, 10 de octubre de 2017

La naturaleza de Dios


" El corazón de José era tierno y delicado. Escribía versos y sabía exaltar con finura la naturaleza. En Galápagos, provincia de Guadalajara, donde se encuentra con la Marquesa de Villadarias y con sus nietos, escribe una de sus más sentidas poesías: " El hombre, la naturaleza, de Dios". Está dedicada a la Marquesa, pero escribe un cántico a la creación y un agradecimiento a su creador. 

Le gustaba pasear por el campo, pensativo, como queriendo descubrir el secreto que hay detrás de cada cosa, porque no cabe duda de que su pluma escribía lo que nosotros no alcanzábamos a entender. 
Nada pasaba desapercibido a la sensibilidad de José.

En sus versos descubrimos que el centro de su amor era Cristo, siempre salía de Él y de nuevo volvía a Él.

José cantaba a la vida, y su amor llegaba más lejos que el nuestro. Toda su existencia seguía el curso de su pluma: sereno como la brisa y cálido como el viento del atardecer. Y así también José llegó a descansar en su retiro del Carmen del Albaicín: viendo en el horizonte granadino los frutos de una prosa prolija y de un verso lleno, síntesis acabada de su propia vida. 

En "El Bien" concentraba la grandeza contenida de su corazón. Sus escritos volaban cargados de tierna energía, en "El Bien" José hablaba a sus hijas y a todos los lectores de la vida de Dios y del curso del mundo, quería convertir, empujar, remover, impulsar... dejar  que el Reino fuera una realidad en todos los corazones. "

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